Honor y Gloria al Libertario Ronald Ojeda Moreno 🕊️

Cuando la deslegitimación y la apología fueron cómplices.


Por Italo Omegna.

Jefe de Vinculación Instituto Mises Conosur.


A dos años de uno de los crímenes más viles y escandalosos de nuestra democracia, que desató la indignación fugaz de la oposición ante la potencial —y por qué no decir, evidente— intervención extranjera por parte de la narcodictadura venezolana en un operativo que acabó con el secuestro, tortura y asesinato del refugiado político ronald ojeda moreno, resulta necesario recordar.


En un inesperado destello de lucidez, la “derecha igualitarista” advirtió que la involucración del partido comunista chileno en la investigación en curso representaba un claro conflicto de interés, por el conocido vínculo que guardan estos con el castro-chavismo y la acción revolucionaria marxista de la región.


No puedo no mencionar lo increíble que suena tal advertencia de parte de quienes han convivido políticamente con habitual genuflexión y autoreconocida inferioridad moral frente a los representantes de la ideología más asesina de la historia y aliados de las dictaduras más sangrientas y longevas de la región. En fin, vale comenzar por recordar, en sus propias palabras, la reacción de algunos de los actores políticos involucrados. Carolina tohá, ministra del interior de la época, declaró “inadmisible” tal inquietud. Juan andrés lagos, asesor del subsecretario del interior y miembro del comité central del partido comunista —quien visitó entre el 17 y el 22 de enero junto a lautaro carmona, presidente del pc, la dictadura cubana para rendir homenaje a la guardia pretoriana del narcodictador nicolás maduro— reflexionó sobre las mencionadas inquietudes en los siguientes términos:


«apuntan principalmente a tratar de debilitar, romper, todo tipo de interacción entre chile y Venezuela respecto de temas tan importantes como el narcotráfico, el lavado de dinero y el crimen organizado». El partido en cuestión, autodeclarado marxista leninista, llamó a no levantar tesis apresuradas, al mismo tiempo que aseguraba —levantando su propia tesis— que lo más probable era que se tratase de “un simple ajuste de cuentas entre narcotraficantes”. Mientras los días pasaban y el presidente de la república guardaba silencio, el senado llamó a una sesión extraordinaria que fue calificada por el senador comunista Daniel Núñez como una «pérdida de tiempo». El diputado boris barrera, de la misma agrupación, fue aún más lejos, justificando el crimen en los siguientes términos:


“Él arranca porque estaba preso por planificar un magnicidio, por planificar un atentado, por planificar un levantamiento de parte del ejército, confesó”, apuntó. “él dice que lo tomaron detenido porque unos compañeros de él lo delataron, de que estaban planificando estos atentados”, dijo Barrera. En esa línea, argumentó que “Aquí en Chile también debería suceder lo mismo si aparece un grupo del ejército planificando atentados o un magnicidio, yo creo que acá también se van a ir presos”. “No creo que en algún país se dejen pasar este tipo de delitos. claro, la derecha no habla de esto porque ellos tienen en su ADN el golpismo”, criticó el diputado comunista. “Así que más que decir que hay un móvil político, aquí hay una persona que fue detenida por cometer un delito y esa persona arrancó de la cárcel por cometer un delito, confeso de haber cometido un delito”, concluyó. “Es importante saber a quiénes les estamos entregando refugio político”, advirtió.


Mientras tanto, la mano derecha del narcodictador, Diosdado Cabello, se burlaba de la hipótesis en los siguientes términos: «Dice que, escuchen esta historia… que un comando de la DGCIM fue a Chile… secuestraron a un tipo allá y se lo trajeron de Chile para acá… si nosotros podemos hacer eso, ¿Quién nos para en este mundo?».


Y finalmente, a más de una semana de cometido el crimen, en medio de las celebraciones del Partido Comunista a las que asistieron como invitados de honor los embajadores de Venezuela y Cuba, el presidente de la república rompió su silencio. Lo hizo el 4 de marzo, tres días después de encontrado el cuerpo, escribiendo en su cuenta de x: «El anticomunismo visceral de algunos sectores políticos y sus medios afines en nuestro país es demasiado evidente. No conozco otro partido que reciba tantos ataques ad hominem y mentiras. yo al menos, no tengo ninguna duda del compromiso democrático y social del PC chileno». Juzgue por usted mismo. Yo, por mi parte, recuerdo aquella celebración que no ocurrió junto a Ronald, su hermana Mayra, su esposa Josma y su hijo —hoy de ocho años— por la captura del narcodictador socialista Nicolás Maduro y el desmantelamiento de la principal red criminal y de financiamiento de la izquierda latinoamericana. Un saludo al cielo por aquel joven que luchó contra una tiranía completa. Aquel padre de familia y excepcional amigo. El inmortal teniente Ronald Ojeda Moreno.




Hoy, mientras los ojos de todos están puestos en las cortes norteamericanas, yo miro atentamente a los tribunales chilenos: una audiencia que se sigue postergando, una esposa hundida en la depresión, una hermana con la imagen de su hermano tallada en piedra y un abogado que da muestras de extraordinaria incompetencia o complicidad. Para mayor información respecto al mitológico abogado, ruego dirigirse al prólogo del libro de ronald ojeda publicado por la editorial Entre Zorros y Erizos, por cuya compra, además, se ayuda a la familia.


La libertad requiere responsabilidad sobre las propias acciones y, por ende, sobre la propia vida. En consecuencia, mientras más responsabilidades asume un hombre, aquella libertad se manifiesta con mayor potencia. ¿Y qué hombre puede ser más libre que quien asume como responsabilidad propia la libertad de todo su pueblo? yo asumo como propia la responsabilidad de conseguir justicia para ti y tu familia. Cuando nos erigamos victoriosos —aunque sé que no eras de beber— brindaremos con un ron venezolano en tu inmortal nombre.


Justicia para Ronald. ¡Viva Venezuela libre!




El brazo armado socialista que expuso la fragilidad del Estado chileno.


Por Zézar Aónikenk.

Director del Movimiento Libertario de Chile. 


El secuestro y asesinato del exteniente venezolano Ronald Ojeda en Chile reveló la acción de un brazo armado del socialismo venezolano operando en territorio nacional y, según diversas investigaciones extrajudiciales, responderian a vínculos con las estructuras de poder de Diosdado Cabello y del general Alexander Granko, configurando uno de los episodios más graves de injerencia extranjera y quiebre de soberanía en la historia reciente chilena.



El 18 de enero de 2024, el subsecretario del Interior de Chile, Manuel Monsalve Benavides, posteriormente condenado a 14 años de prisión por el delito de violación cometido contra una funcionaria de la Subsecretaría del Interior, viajaba a Caracas con el propósito de suscribir supuestos acuerdos de cooperación en materia de seguridad con el régimen socialista venezolano. En dicha instancia sostuvo una reunión con el viceministro del Sistema Integrado de Investigación Penal, José Humberto Ramírez Márquez, integrante de la cúpula de confianza del régimen. El objetivo oficial declarado fue el intercambio de información criminal y el fortalecimiento de redes de seguridad entre ambos Estados.

Apenas un mes después, a las 03:05 horas del 21 de febrero de 2024, un comando compuesto por individuos disfrazados con vestimentas similares a las de la Policía de Investigaciones (PDI) secuestraba en territorio chileno a un refugiado político reconocido como opositor al socialismo venezolano. Días más tarde, su cuerpo fue hallado enterrado bajo una losa de cemento.

Lo que sigue a continuación es la cronología de uno de los episodios más graves en materia de seguridad interior y soberanía nacional en la historia reciente de Chile: una operación de extracción con características paramilitares, planificada desde el aparato de poder venezolano, ejecutada en Chile por una célula del Tren de Aragua y, según diversas fuentes extrajudiciales, presuntamente liderada por el general Alexander Enrique Granko Arteaga, jefe de “Asuntos Especiales” de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) de Venezuela.

La interrogante que permanece abierta,  incómoda e inevitable es la siguiente: si fue posible capturar a un protegido del Estado chileno en su propio territorio, ¿Cuántas otras operaciones contra opositores del régimen venezolano podrían estar ejecutándose en Chile sin que las Fuerzas Armadas o los organismos de inteligencia lo adviertan?


El brazo armado que ya operaba en Chile.

Julio de 2023.

En julio de 2023 comenzó a consolidarse en la Región Metropolitana una célula integrada exclusivamente por ciudadanos venezolanos. De acuerdo con la Fiscalía Metropolitana ECOH (Equipo contra el Crimen Organizado y Homicidios), la estructura estaba compuesta mayoritariamente por hombres entre 20 y 35 años, con jerarquía definida y coordinación de carácter piramidal.

En la cúspide local figuraba Alfredo José Henríquez Pineda, alias “Gordo Alex”, sindicado por el Ministerio Público como jefe operativo en Chile. Se le atribuye la coordinación logística, la asignación de tareas, la gestión de vehículos y la articulación de enlaces. Fue detenido el 14 de agosto de 2025 en Santiago y permanece en prisión preventiva por asociación criminal y secuestro con homicidio.

Junto a él operaban Rafael Gámez Salas, detenido en Texas en 2025 y actualmente en proceso de extradición a Chile, y Edgar Javier Benítez Rubio, capturado en Indiana y extraditado el 26 de septiembre de 2025, quien también se encuentra en prisión preventiva.

Para fines de 2023, la célula disponía de vehículos, inmuebles utilizados como casas de seguridad en distintas comunas y documentación —legal y falsa— que facilitaba entradas y salidas del país con rapidez. Según antecedentes recabados por la PDI y el análisis de expertos, el patrón operativo —planificación detallada, compartimentación de funciones y movilidad internacional— se asemejaba más a una estructura con lógica paramilitar que a delincuencia común.

Diversos reportajes de investigación, incluidos algunos citados por The New York Times, junto con testimonios y análisis periodísticos nacionales e internacionales, han planteado hipótesis extrajudiciales según las cuales agentes vinculados a servicios de inteligencia del régimen venezolano podrían haber operado desde la sede diplomática en Santiago o, al menos, haber utilizado cobertura diplomática para tareas de coordinación o apoyo.

El embajador de Venezuela en Chile, Arévalo Méndez Romero —militar de formación, excompañero de Hugo Chávez en la Academia Militar y posteriormente su secretario privado y vicecanciller— mantuvo relaciones públicas activas con partidos de izquierda en Chile, particularmente con el Partido Comunista. En distintos eventos declaró públicamente: “En mi Venezuela es ya imposible que la derecha asuma el poder en una contienda política”.

Enero de 2024: el objetivo.

En enero de 2024, según la acusación fiscal, comenzó la planificación específica para secuestrar a Ronald Ojeda, venezolano de 32 años, teniente (r) del Ejército, refugiado político en Chile tras denunciar persecución por parte del régimen de Nicolás Maduro.

Para comprender claramente quien era Ronald Ojeda, por qué se transformaría en una amenaza gigante para la dictadura socialista de Venezuela y por qué los partidos socialistas en Chile necesitaban enlodar su imagen, recomendamos al lector los escritos redactados en primera persona por el propio Ronald Ojeda donde denuncia a las fuerzas armadas venezolanas y donde relata de forma brutalmente directa "esto no es un libro es una denuncia y una advertencia". Escritos que mas tarde publicaría la editorial Entre Zorros y Erizos, arriesgando incluso sus propias vidas por difundir la verdad de un hombre lleno de honor y valor: RONAL OJEDA notas póstumas sobre su secuestro y asesinato.

La Fiscalía sostiene que existió seguimiento sistemático, levantamiento de rutinas, estudio detallado del edificio en Independencia y preparación de vestimentas similares a las de la PDI, todo con características militares e investigación profesional, dejando al descubierto nuevamente que esta organizaciones no son simples criminales si no mas bien brazos armados del socialismo venezolano.

En esta fase  de la operación de extracción paramilitar participaron:

Alexander Rafael Chourio Leal (25–30 años), detenido.

Anthony Yuhandri Barboza Bracho (20–25 años), detenido.

Carlos Alfredo Sepúlveda Morales (25–30 años), detenido.


El secuestro.

21 de febrero de 2024, 03:05 AM, Independencia.

La operación se ejecutó con precisión técnica. Un grupo de hombres con chalecos tácticos y atuendos similares a los de la PDI ingresó a un condominio residencial donde Ronald Ojeda dormía junto a su esposa y su hijo.

No se trató de un asalto improvisado, sino de una extracción planificada. Los individuos actuaron con rapidez, redujeron a Ojeda frente a su familia y lo retiraron del inmueble simulando un procedimiento policial. El hecho quedó registrado por cámaras de seguridad del edificio.

Según antecedentes de la investigación, la esposa de la víctima acudió a Carabineros para denunciar el secuestro. relatando que uno de los secuestradores la intenta hacer callar a la fuerza y diciéndole que él es de la PDI, es ahi cuando ella reconoce el acento venezolano y entiende que su esposo estaba siendo secuestrado por agentes militares del regimen socialista venezolano.  Inicialmente, su relato habría sido recibido con escepticismo; sin embargo, un funcionario decidió otorgar credibilidad a su declaración, lo que permitió activar diligencias preliminares.



Los ejecutores directos.

La Fiscalía formalizó como ejecutores materiales del secuestro a un grupo de ciudadanos venezolanos, todos entre 20 y 25 años al momento de los hechos:

Julián Andrés Iglesias Hoyos, venezolano, 20–25 años.

Detenido en Chile. Se le imputa participación directa en el ingreso al edificio y extracción de la víctima. Actualmente en prisión preventiva.


Maickel Villegas Rodríguez, venezolano, 20–25 años.

Detenido en Costa Rica en 2024 tras abandonar Chile. Posteriormente extraditado y actualmente formalizado en Chile bajo prisión preventiva.


Dayonis Junior Orozco González, venezolano, 20–25 años, alias “El Boti”.

Detenido en Colombia en abril de 2024. La extradición hacia Chile fue autorizada el 10 de febrero de 2026. Se le atribuye participación en la fase operativa del secuestro.


Brian Jesús Piña Mendoza, venezolano, 20–25 años.

Detenido en Chile. Formalizado por su rol en la ejecución directa.


Renzo Abraham Sánchez Hernández, venezolano, 20–25 años.

Detenido y formalizado.

Además, un menor de edad identificado como A.C., venezolano, 17 años al momento del delito, fue condenado en octubre de 2024 a régimen cerrado y semicerrado bajo la legislación de responsabilidad penal adolescente.


El Apoyo logístico.

La operación no se limitó al grupo que ingresó al edificio. Según la Fiscalía, hubo apoyo logístico esa madrugada.

Entre ellos:

Josué David Ramírez Oliveros, venezolano, 20–25 años.

Detenido. Se le atribuye participación en coordinación y traslado.


Wuilberth de Jesús Olivares Peña, venezolano, 25–30 años.

Detenido. Vinculado a tareas de apoyo operativo.

La investigación sostiene que hubo vehículos de respaldo, coordinación externa y planificación previa del trayecto hacia Maipú.


Cautiverio.

21–28 de febrero de 2024

Tras la extracción, Ojeda fue trasladado al campamento Santa Marta, en la comuna de Maipú. La Fiscalía estableció que el primer vehículo utilizado fue un Chevrolet Sail cuya patente figuraba registrada a nombre de una funcionaria pública previamente vinculada al abogado Francisco Parraguez, exdirigente del partido Izquierda Ciudadana, exconcejal y excore por el distrito 15 en la región de O'Higgins.

Un vértice relevante de la investigación lo constituye el trayecto hacia la toma Santa Marta, en la comuna de Maipú. Según el relato oficial, el vehículo en el que era trasladado Ronald Ojeda habría presentado un desperfecto mecánico durante el recorrido, lo que obligó al grupo a coordinar con rapidez la utilización de un segundo automóvil para continuar la ruta hacia el campamento. Este episodio resulta crucial para comprender la secuencia de decisiones adoptadas por los involucrados y el eventual cambio en la planificación original.

No obstante, especialistas y fuentes vinculadas a análisis extrajudiciales sostienen una hipótesis distinta: que el propósito inicial del secuestro habría sido extraer a Ojeda del territorio chileno y trasladarlo fuera del país, eventualmente para ser entregado a Diosdado Cabello. Bajo esta interpretación, la falla mecánica —sumada a una presunta resistencia activa de la víctima al interior del vehículo— habría alterado el plan original, motivando a los secuestradores a redirigir el trayecto hacia el campamento Santa Marta. Cabe subrayar que esta tesis no forma parte de una imputación judicial formal, sino que corresponde a una línea interpretativa planteada fuera del marco procesal, cuya veracidad debe ser ponderada conforme al desarrollo de la investigación oficial.

Entre el 21 y el 28 de febrero, Ojeda permaneció retenido en dicho inmueble.

Los vinculados a la fase de cautiverio son:

En esta etapa aparecen vinculados, según la formalización del Ministerio Público:

Carlos Alfredo Sepúlveda Morales, venezolano, 25–30 años.

Ya mencionado en la fase de planificación, la Fiscalía lo vincula también a la etapa de retención en Maipú. Se encuentra detenido y en prisión preventiva.


José Marino García Orjuela, venezolano, 25–30 años.

Detenido. La investigación lo sitúa en el inmueble utilizado para el cautiverio y en tareas de resguardo y coordinación interna.


Julio César Iglesias Pereira, venezolano, 25–30 años.

Detenido. Vinculado a la logística del sitio y movimientos posteriores.

La Fiscalía ha sostenido que el inmueble en Maipú no fue elegido al azar. Formaba parte de una red de domicilios utilizados por la célula instalada en Santiago desde el segundo semestre de 2023. Allí se coordinaban reuniones, almacenamiento y planificación operativa.


El Hallazgo.

1 de marzo de 2024.

El 1 de marzo de 2024, tras diligencias investigativas desarrolladas por la Fiscalía Metropolitana ECOH en coordinación con la Policía de Investigaciones, se concretó el hallazgo del cuerpo de Ronald Ojeda en el campamento Santa Marta, comuna de Maipú. El descubrimiento se produjo al interior de un inmueble precario ubicado en dicho asentamiento, lugar que ya había sido identificado como punto de interés dentro de la línea investigativa por secuestro.

El cuerpo fue encontrado enterrado bajo una losa de cemento recientemente fraguada. Para acceder a él, los peritos debieron remover la estructura sólida instalada sobre el suelo del inmueble. Debajo de esa capa de cemento se hallaba una maleta de gran tamaño; en su interior, el cadáver de Ojeda. La escena revelaba no solo la intención de ocultamiento, sino también planificación y tiempo suficiente para ejecutar la sepultación clandestina.

De acuerdo con los antecedentes judiciales conocidos, el cuerpo se encontraba en posición fetal, dentro del equipaje, sin signos visibles de intervención médica previa. La condición del enterramiento —cemento sobre el contenedor y ocultamiento en un inmueble utilizado por la célula— fue interpretada por los investigadores como un intento deliberado de dificultar el hallazgo y retardar la identificación.

El procedimiento incluyó aislamiento del sitio del suceso, levantamiento planimétrico, fijación fotográfica, peritajes de huellas, rastros biológicos y análisis de herramientas empleadas en la instalación de la losa. El hallazgo transformó formalmente la causa: lo que hasta entonces era investigado como secuestro pasó a tipificarse como secuestro con homicidio.

En esa fase de retención y posterior muerte aparecen vinculados, según formalizaciones del Ministerio Público, Carlos Alfredo Sepúlveda Morales, venezolano, 25–30 años, actualmente en prisión preventiva; José Marino García Orjuela, venezolano, 25–30 años, detenido; y Julio César Iglesias Pereira, venezolano, 25–30 años, también detenido. La Fiscalía los sitúa en el inmueble de Maipú utilizado como punto de cautiverio. A ellos se suman integrantes de la fase de extracción y traslado inicial, formalizados por su participación en el secuestro ejecutado a las 03:05 AM del 21 de febrero de 2024 en Independencia: Julián Andrés Iglesias Hoyos, venezolano, 20–25 años, detenido; Maickel Villegas Rodríguez, venezolano, 20–25 años, detenido en Costa Rica en 2024 y luego extraditado a Chile; Brian Jesús Piña Mendoza, venezolano, 20–25 años, detenido; y Renzo Abraham Sánchez Hernández, venezolano, 20–25 años, detenido. También fue condenado en octubre de 2024 un menor identificado como A.C., venezolano, 17 años al momento del delito, bajo régimen cerrado y semicerrado.

La investigación internacional amplió el alcance del caso con la detención de Dayonis Junior Orozco González, venezolano, 20–25 años, alias “El Boti”, capturado en Colombia en abril de 2024; su extradición a Chile fue autorizada el 10 de febrero de 2026. En el nivel operativo superior en Chile, la Fiscalía formalizó a Alfredo José Henríquez Pineda, venezolano, 30–35 años, detenido el 14 de agosto de 2025 en Santiago y sindicado como jefe operativo local; a Edgar Javier Benítez Rubio, venezolano, 25–30 años, detenido el 12 de febrero de 2025 en Indiana, EE.UU., y extraditado el 26 de septiembre de 2025; y a Rafael Gámez Salas, venezolano, 30–35 años, detenido en Estados Unidos en 2025 y actualmente en proceso de extradición.


El Impacto Mediático.

Desde la madrugada del 21 de febrero de 2024, cuando se conoció el secuestro de Ronald Ojeda a las 03:05 AM en la comuna de Independencia, la cobertura mediática chilena fue inmediata, masiva y profundamente polarizada. Las primeras imágenes difundidas por televisión abierta —hombres con chalecos falsamente similares a los de la PDI ingresando al edificio— fueron transmitidas por noticieros centrales de Chilevisión, Canal 13, Mega y TVN, instalando rápidamente el caso como noticia de alta prioridad nacional.

En los primeros días, distintos paneles televisivos y análisis radiales —incluyendo espacios de debate en Radio ADN, Radio Cooperativa y Radio Bío Bío— plantearon la hipótesis de que se trataba de un ajuste de cuentas vinculado a bandas extranjeras. En ese contexto inicial, columnistas y analistas cercanos a sectores del Frente Amplio, el Partido Socialista de Chile y el Partido Comunista de Chile sugirieron públicamente que el hecho podía inscribirse dentro de la criminalidad común asociada a narcotráfico y disputas entre organizaciones venezolanas, colombianas o dominicanas. En redes sociales y algunos comentarios de prensa se insinuó incluso que Ojeda podría tener vínculos con actividades ilícitas, reforzando la narrativa de “crimen común”.

Sin embargo, esa interpretación comenzó a tensionarse a medida que avanzaban las investigaciones judiciales. El 4 y 5 de marzo de 2024, Cooperativa.cl informó que la Fiscalía ya confirmaba la vinculación del Tren de Aragua en el caso. En paralelo, BioBioChile, con reportajes firmados por periodistas como Nicolás Espinoza Riquelme y Noelia Ortega Sanhueza, comenzó a detallar las formalizaciones y la estructura de la célula denominada “Los Piratas”, vinculada al secuestro y homicidio.

El giro decisivo en la narrativa mediática se consolidó cuando el fiscal regional metropolitano sur, Héctor Barros, declaró en enero de 2025 a T13 y a Radio ADN que el crimen tenía un “perfil político” y que existían antecedentes para estimar que detrás del hecho podía haber una motivación distinta al lucro. Esa afirmación fue ampliamente difundida por Tele13 y replicada en prensa nacional e internacional. Posteriormente, el fiscal nacional Ángel Valencia sostuvo en entrevistas a Radio Cooperativa que investigar un eventual móvil político era una obligación institucional dada la condición de Ojeda como exteniente del Ejército venezolano asilado en Chile.

En televisión, Chilevisión emitió reportajes que recogían antecedentes sobre posibles conexiones superiores del crimen, mencionando testimonios que apuntaban hacia figuras del oficialismo venezolano como Diosdado Cabello, aunque sin formalización judicial directa en Chile contra autoridades extranjeras. Estas menciones también fueron abordadas por medios internacionales como Reuters e Infobae, que reportaron que Chile incluso evaluaba presentar antecedentes ante la Corte Penal Internacional.

A nivel radial, Radio Bío Bío y su plataforma digital consolidaron una cobertura sistemática desde febrero de 2024 hasta el cierre de investigación en diciembre de 2025, detallando detenciones, extradiciones y acusaciones formales contra 20 imputados. La ministra del Interior Carolina Tohá también entregó declaraciones públicas difundidas por BioBioChile en febrero de 2025, calificando la captura de Edgar Javier Benítez Rubio como “un nuevo golpe contra el Tren de Aragua”.

Con el paso de los meses, la cobertura abandonó casi por completo la hipótesis inicial de ajuste de cuentas entre narcotraficantes. Los noticieros comenzaron a reconstruir el perfil de Ojeda como exmilitar que había denunciado corrupción en las Fuerzas Armadas venezolanas, que había sido detenido previamente en su país y que había solicitado refugio en Chile tras denunciar persecución bajo el régimen de Nicolás Maduro. Programas de investigación en Canal 13, segmentos especiales en Mega y reportajes extendidos en BioBioChile contribuyeron a consolidar la imagen de una víctima con perfil político, desmintiendo progresivamente la insinuación inicial de delincuencia común.

A medida que se formalizaban cargos contra integrantes de la célula asociada al Tren de Aragua y se descartaba la existencia de exigencia de rescate, la narrativa pública evolucionó hacia la caracterización del hecho como secuestro con homicidio en contexto de crimen organizado transnacional con posibles motivaciones políticas. Para 2025 y comienzos de 2026, el caso ya no era presentado como violencia urbana más, sino como un episodio de alto impacto que tensionó relaciones diplomáticas, expuso debilidades en la seguridad interior y abrió un debate estructural sobre la expansión del crimen organizado venezolano en Chile.

Así, el caso pasó de una interpretación inicial de “crimen común” —instalada en los primeros días en algunos análisis mediáticos y sectores políticos— a convertirse en un caso emblemático de alcance internacional, seguido por televisión abierta, radios nacionales, prensa digital y agencias globales, con cobertura sostenida durante casi dos años y con repercusiones políticas, judiciales y diplomáticas que aún continúan.


El Embajador Arévalo Méndez Romero.

Tras la falsa elección presidencial organizada por el régimen socialista en Venezuela El lunes 29 de julio de 2024 diferentes organizaciones sociales venezolanas se manifestaron frente a la embajada de Venezuela en chile y tras resistir todas las preguntas de los periodistas relacionadas a las falsas elecciones en Venezuela y las denuncias publicas que lo vincularían a él y a la embajada venezolana en Chile respecto al caso Ronald Ojeda, el embajador Arévalo Méndez Romero decide huir de Chile amparado por el régimen socialista venezolano. 


Conclusión. 

El asesinato de Ronald Ojeda no solo expuso la violencia de una célula asociada al Tren de Aragua. Expuso una verdad más profunda: el Estado no prioriza personas, prioriza su estabilidad. Mientras el caso pudo reducirse a “crimen común”, fue administrado como un episodio más. Cuando el impacto político y diplomático creció, entonces la reacción se volvió intensa. No por moral. Por cálculo.

El monopolio estatal de la seguridad no tiene incentivos naturales para prevenir cada agresión individual; tiene incentivos para actuar cuando su legitimidad se ve amenazada. La vida concreta pesa menos que el costo político. Los partidos utilizan la tragedia como herramienta: unos expanden poder apelando al miedo; otros relativizan responsabilidades para proteger marcos ideológicos. El discurso cambia según convenga. El objetivo permanece: conservar poder.

Como sostuvieron pensadores libertarios como Murray Rothbard, quien monopoliza la fuerza no responde a incentivos de mercado ni a contratos voluntarios; responde a su propia supervivencia institucional. La seguridad estatal es una promesa política, no un compromiso directo contigo.

La conclusión es clara y frontal: ningún monopolio armado garantiza libertad. Si tu protección depende de la conveniencia del poder, entonces no es protección real. Las personas de bien no pueden delegar su defensa en estructuras que priorizan estabilidad sobre justicia.

La defensa comienza en el desarrollo personal: carácter, preparación, redes voluntarias, cooperación libre, responsabilidad individual. Dejar la defensa en manos del Estado y del poder político es el primer error en nuestra seguridad. La libertad exige asumir que proteger nuestra vida y nuestra dignidad es, en última instancia, tarea de individuos libres, no de monopolios coercitivos.


Involucrados individualizados públicamente:


🔴 Fase 1 — Estructura Superior.

  1. Alfredo José Henríquez Pineda (alias “Gordo Alex”), Edad: 30–35, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Sindicado como jefe operativo local de la célula en Chile, Situación: Detenido 14/08/2025 en Santiago; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  2. Edgar Javier Benítez Rubio (alias “El Fresa”), Edad: 25–30, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Coordinación operativa y logística superior, Situación: Detenido 12/02/2025 en Indiana (EE.UU.); extraditado a Chile 26/09/2025; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  3. Rafael Gámez Salas (alias “El Turco”), Edad: 30–35, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Vinculación con estructura superior asociada a la célula, Situación: Detenido en EE.UU. (2025); en proceso de extradición, Condena: Pendiente.


🔴 Fase 2 — Ejecución del Secuestro (21/02/2024 – 03:05 am)

  1. Julián Andrés Iglesias Hoyos, Edad: 20–25, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Ejecutor directo; ingreso con chaleco falso tipo policial y extracción, Situación: Detenido en Chile; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  2. Maickel Villegas Rodríguez, Edad: 20–25, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Participación en captura y traslado inicial, Situación: Detenido en Costa Rica (2024); extraditado; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  3. Dayonis Junior Orozco González (alias “El Boti”), Edad: 20–25, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Integrante operativo; apoyo en ejecución, Situación: Capturado en Colombia abril 2024; extradición autorizada 10/02/2026, Condena: Pendiente.

  4. Brian Jesús Piña Mendoza, Edad: 20–25, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Ejecutor directo en fase de extracción, Situación: Detenido; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  5. Renzo Abraham Sánchez Hernández, Edad: 20–25, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Participación activa en el operativo nocturno, Situación: Detenido; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  6. A.C. (iniciales reservadas), Edad: 17 años al momento del delito, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Participación en la fase de secuestro, Situación: Condenado octubre 2024, Condena: Régimen cerrado con posterior régimen semicerrado (Ley Penal Adolescente).


🔴 Fase 3 — Apoyo Logístico.

  1. Josué David Ramírez Oliveros, Edad: 20–25, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Apoyo logístico y coordinación de traslado, Situación: Detenido; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  2. Wuilberth de Jesús Olivares Peña, Edad: 25–30, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Apoyo logístico y comunicaciones, Situación: Detenido; prisión preventiva, Condena: Pendiente.


🔴 Fase 4 — Cautiverio y Muerte (Maipú, 21–28 febrero 2024)

  1. Carlos Alfredo Sepúlveda Morales, Edad: 25–30, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Custodia en inmueble de Maipú; participación en retención, Situación: Detenido; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  2. José Marino García Orjuela, Edad: 25–30, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Participación en fase de cautiverio, Situación: Detenido; prisión preventiva, Condena: Pendiente.

  3. Julio César Iglesias Pereira, Edad: 25–30, Nacionalidad: Venezolana, Rol: Vinculado a la permanencia en inmueble de cautiverio, Situación: Detenido; prisión preventiva, Condena: Pendiente.


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